lunes, 5 de agosto de 2013

AMPLIANDO MI TERNURA


AMPLIANDO MI TERNURA

He aquí un poema que data de hace años, de cuando mis dos nietos eran aún muy pequeños y empezaban a ser mi futuro más limpio.
 
 
 
Mientras sueña el otoño en el jardín
y llena de nostalgia las macetas,
mientras el aire huele a fruto de madroño
y el sol se arropa en hojas de magnolia,
yo sigo mejorando en esperanza
y ampliando mi ternura con mis nietos.
Uno sabe jugar con mi paciencia
y me enseña a vivir con  Bob Esponja
y con Mowgli venciendo a Shere Khan,
y el segundo, recién nacido, duerme
en mis brazos de abuelo sospechando
que mañana alzará una torre hermosa
de colores y números encima
de una mesa de amor y de ternura.
Son mis nietos la tierra descubierta
por mis pies redivivos, son el agua
que alivia la sequía de mi senda,
son mis nietos el puerto que se ha abierto
al fondo de mi mar, el horizonte
que amplía los afanes de este barco
que transporta mis sueños. Son mis nietos
la página en que escribo mi presente
con letras de esperanza. Uno y otro
alegran mi vejez sólo con verlos,
con dejarle mis ranas a uno de ellos
o jugar a buscar entre las plantas
el muñeco de goma que le gusta.
Y al segundo dormirle en mi regazo,
hacerle carantoñas o contarle
al oído el poema de la mar,
el cormorán posado en su cantil
y las olas cantando su canción
en la boca de las caracolas
que a su hermano contaba de bebé.
 
Cuando se marchan, queda aroma limpio
junto al musgo del belén recién montado,
un globo de sonrisas en la esquina
de mi esperanza abierta y una rana
de cerámica azul en la escalera.
Y el milagro no existe, es la presencia
en mi alma de un aire  semimágico,
entre infantil y adulto con asombro,
con capacidad para la sorpresa
y para el juego. Como si mis nietos
en mí hubieran sembrado para siempre
semillas de inocencia, de ternura,
de primavera eterna, de presente
esperanzado y sostenido por
una luz de verbenas y canciones,
de palabras que empiezan a brillar
para no acabar nunca en mi existencia.
 

jueves, 1 de agosto de 2013

SONIDOS DE OCARINA


 
 
Hace aproximadamente cincuenta años encontré en el mercadillo de San Antonio de Barcelona un librito de coplas de Bartolomé Soler titulado Guitarra, que leí con tanta delectación, que a su influjo dediqué al escritor catalán una colección de coplas y epigramas paralelos a los que figuraban en las páginas de su libro y que titulé primeramente Saxofón y, finalmente, Sonidos de ocarina.

No son nada especial, pero responden más o menos a la forma de concebir tanto la vida como el hecho de la creación literaria. Ahora, pese a haber transcurrido tanto tiempo,  rescato del polvo del olvido, aunque con breves correcciones y alguna que otra innovación, esas coplas y epigramas. Si algún lector saca provecho de ellas, habrá servido de algo recuperarlas.


 

A JOSÉ ÁNGEL BUESA
Cogí para ti esta pluma
de la abubilla más sola;
colocará en tu sepulcro
un ramillete de rosas.


 



UMBRAL
A quien leyere le pido
que al entrar por estos versos
vaya con alma de niño
y deje volar sus sueños.



1
De niño aprende las cosas
que te susurran los libros;
de adulto, olvídalas todas
y empieza a abrir tus caminos.


2
Una cosa más le digo:
las fotos son importantes,
pero lo son más los vivos.


3
¿Tienes mansiones lujosas?
¿Tienes tierras y cortijos?
Procura que no aprisiones
la luz que brilla contigo.


4
Échate al campo, labriego,
y no esperes que el pan brote
sólo del agua del cielo
si tú las manos no pones.


 
 
5
Ten cuidado con la escarcha,
con la nevada tardía;
no vivas de la esperanza
si no luchas por la espiga.


6
Si ves a un niño implorar,
no le des tu gota de agua:
dale completo tu mar.


7
Campana, campana: nunca
dejes tu bronce dormido.
Que poeta que se calla
pierde parte de su escrito.


8
Poeta: renueva siempre
el agua de tu cantar;
que el agua que no se mueve
nunca llega hasta su mar.
 
9
Atiende primero al mundo
donde se aprende a vivir,
y después habla del tuyo.


10
No hables tanto de tus penas:
muchos hombres padecieron
antes de que tú nacieras.


11
Trabaja bien tus poemas
con voces hechas de días,
de trabajos y herramientas.


12
Tal vez el premio mejor
del hombre sea el camino
abierto con su sudor.


 
 
 
13
¿Elegirías de nuevo
como vivir tu vivir,
como amistad tus amigos,
tus versos para escribir?


14
Elige bien tus amigos:
un cuchillo en mal estado
puede hacerse tu enemigo.


15
El alma anhela sus sueños,
pero vives en la tierra
y es pobre barro tu cuerpo.


16
Amigo: no dejes nunca
de andar siempre hacia delante;
piensa que es largo el camino
y si hay premio llega tarde.


17
Menosprecia los aplausos
con que los necios te halagan;
muchas veces son los cepos
que tu carrera amordazan.


18
Poeta, sigue cantando
aunque te apunten los versos
de otros poetas frustrados.


19
Las monedas de los versos
tienen que ser verdaderas;
el metal es lo de menos
si de boca en boca suenan.


20
Cuando cantes al amor,
no pongas oro en tus labios:
pon la luz del corazón.
 
21
Que en tus palabras, poeta,
no resuene la metáfora:
que lata la vida plena.


22
Cuando aludas a un difunto,
no aumentes más la tristeza
de estar muriendo a diario:
que no se muera el poema.


23
Cuando escribas un poema,
no busques temas exóticos:
habla del hombre que vive,
que lucha y sueña en tu entorno.


24
Dale la mano al que sufre,
al que naufraga a tu lado
y después ponte a escribir:
sólo así sabrás contarlo.


25
Hay gente que aspira al cielo
atropellando a los otros;
las torres que así subieron
acabaron en escombros.


 
 
 
26
Las palabras del poema
serán como el sol que brilla:
cálidas y luminosas,
engendradoras de vida.


27
Caminante que caminas
los caminos de la tierra:
dime qué ruta es más apta
para labrar la existencia.


28
Amapolas de dolor:
llevan la sangre en la ropa
y el luto en el corazón.


29
¿Que la vida es otro mar?
No. La vida es una gota
que crece buscando el mar.


30
No te importe que el amor
te cause graves heridas:
que en vez de morir te harán
querer aún más a la vida.


 

miércoles, 19 de junio de 2013

BLANCA DESPEDIDA

Pertenece a Cuaderno de Sísifo (Barcelona, 2008)


                                                                           Para Encarna Fontanet, poeta



Con las primeras hojas de noviembre
le dimos nuestra blanca despedida.

Por el cristal de la capilla entraba
del pobre sol la pálida caricia
y se posaba en la madera triste
donde su cuerpo mineral dormía.

No importaba nada el resto gris
del día y del otoño. Ella lucía,
camino de la paz, la ropa blanca
de otra vida sin luchas y sin días.

miércoles, 12 de junio de 2013

YO LLEGABA A TIEMPO SIEMPRE ENTONCES

Una entrada más de AGUA ANTIGUA EN NORIA NUEVA. Hoy le toca a este poema de Cuando la infancia es siempre (Premio Calasanz de Poesía, Tarrasa, 2000):


















Yo llegaba a tiempo siempre entonces
a tus huellas de vidrio y de ternura.
El sol estaba en paz,
estaba en paz la luna
sobre el camino de mi vida quieto
y vivo a la vez como la azuda
del río reflejando
el brillo de mi infancia y mi aventura.

Y el brillo me lo daba tu presencia
tan viva como oculta,
Dios limpio y permanente
como los cantos de la cuna,
como el tino del tirador que iba
más allá de los trinos y la pluma
del pájaro escondido, Dios atento
como los viejos sauces con la altura
donde el aire era oro, como el mago
balón entre las piernas duras
que cerraban las tardes sin heridas,
como luego la noche más profunda
que caía como un ala sonbre mí
de amor y de silencio y de ventura.

Y eras tú la caricia,
Tú el callado murmullo, la alta lluvia.
Y al día siguiente, nuevo, decisivo
como el último cromo que clausura
la sorpresa del álbum, yo volvía
a comprender tu eternidad más pura
en la luz de la almendra que crecía
en leche y en azúcar
para morir de gusto entre mis manos
felizmente madura.
En el rayo de luz que en el desván,
bajo el efecto de la Arcadia bruja,
convertía en oro el polvo de las cosas
que casi nadie busca.
Y te aprendí sereno,
sin religión ni pruebas duras,
como aprendí los sitios de la casa
o la sonrisa maternal, mi musa.

viernes, 31 de mayo de 2013

TORO DE LA NOCHE (y 2)



Concluyo hoy el poema con el mismo título que obtuvo el Premio de Poesía Taurina (Valencia, 1997) y que incluí en la Antología AGUA ANTIGUA EN NORIA NUEVA.
















Te estoy pidiendo, toro de la noche,
piedad para esa escuálida muleta,
para ese corazón que late a oscuras
tras ese trapo rojo de tragedia.
No le embistas, no acudas a la cita
de la sangre quemada en una tienta.
Si quieres comprobar que tienes fuego,
llamaradas bravías en tu testa
y empuje de huracán entre tus huesos,
brama y rompe la luz de las estrellas,
ataca el aire frío de los montes
y a tu paso castiga bien la tierra:
que todo el campo tiemble con el rayo
oscuro de tu piel, oh, bestia bella.

¿Por qué emplear las hoces de tus astas
en una espiga joven, inexperta?
Reserva tus rejones afilados
para luchar valiente en la gran fiesta
contra el mago torero que con arte
bordará tu bravura en su muleta.
Resérvate hasta entonces. Vive ahora
de sueños mientras cubres a las hembras,
y alza sombras de fuego en torno tuyo
mientras pisas la soledad serena,
silente de la noche, toro bello,
y olvida el corazón de esa muleta.

miércoles, 22 de mayo de 2013

OTOÑO

Un poema más de AGUA ANTIGUA EN NORIA NUEVA, éste perteneciente a En el cristal del tiempo (Barcelona, 1988).


















Otoño
               A mi madre, que se fue en otoño

Ríete de la muerte mientras tengas
las manos aferradas a las frutas,
los ojos amarrados a otra piel
que tiembla con la tuya.

Ríete del otoño, de la negra
amenaza si aún escuchas
la impetuosa cascada de tu sangre
golpear el corazón, si escuchas
aún bogar tu nave por el río
del amor en remansadas zudas.

Sigue vivo en las ramas de la vida
y ríete de los versos que acentúan
que el otoño es la gélida
antesala de la tumba.

Canta en alto las galas de tu cuerpo,
vuela hacia el jardín de la ventura.
No pasa en balde el tiempo,
pero el agua baja aún pese a las zudas.
Tienes aún, pese a los días,
las manos aferradas a las frutas,
los ojos amarrados a otra piel
que tiembla con la tuya.

sábado, 11 de mayo de 2013

EL AMOR DIARIO

(Continuación de AGUA ANTIGUA EN NORIA NUEVA)

A La dura vida amada (Ángaro, Sevilla, 1983) pertenece el poema siguiente:



















El amor diario

Y regreso al amor
como a la calle amada
donde vivo mi vida
junto a la mujer diaria
que se mueve a mi lado
entre vasos y almohadas,
como el día o la noche
que mi tiempo acompasan.
Porque ella es la hora
de los besos y el alma,
de la escala segura
que me sube a la calma.

Y entonces dejo el libro,
la sombra de la escarcha,
para varar mi barco
en sus manos de playa.
Allí me espera el vino
de su cuba sagrada
y oigo las caricias
de su dulce palabra.
Entonces soy el niño
que vence a la cucaña
y el viejo marinero
que regresa a su casa.

Cuando ileso desciendo
al mundo con el alba,
descubro que el poema
de pronto es una llama
que ha encendido el amor
sin clarín, sin proclama,
el amor tan sencillo
que a diario me ensalza,
el amor que me da
mi mujer cotidiana.