jueves, 20 de marzo de 2014

SONIDOS DE OCARINA




Hace aproximadamente cincuenta años encontré en el mercadillo de libros de San Antonio de Barcelona un tomito de coplas de Bartolomé Soler titulado Guitarra, que leí con tanta delectación, que a su influjo dediqué al escritor catalán una colección de coplas y epigramas paralelos a los que figuraban en las páginas de su libro y que titulé primeramente Saxofón y, finalmente, Sonidos de ocarina.
No son nada especial, pero responden más o menos a la forma de concebir tanto la vida como el hecho de la creación literaria. Ahora, pese a haber transcurrido tanto tiempo,  rescato del polvo del olvido, aunque con breves correcciones y alguna que otra innovación, esas coplas y epigramas. Si algún lector saca provecho de ellas, habrá servido de algo recuperarlas.



A JOSÉ ÁNGEL BUESA

Cogí para ti esta pluma
de la abubilla más sola;
colocará en tu sepulcro
un ramillete de rosas.



UMBRAL

A quien leyere le pido
que al entrar por estos versos
vaya con alma de niño
y deje volar sus sueños.



COPLAS Y EPIGRAMAS
De niño aprende las cosas
que te susurran los libros;
de adulto, olvídalas todas
y empieza a abrir tus caminos.


Una cosa más te digo:
las fotos son importantes,
pero más lo son los vivos.


¿Tienes mansiones lujosas?
¿Tienes tierras y cortijos?
Procura que no se apague
la luz que brilla contigo.



Échate al campo, labriego,
y no esperes que el pan brote
sólo del agua del cielo
si tú las manos no pones.


Ten cuidado con la escarcha,
con la nevada tardía;
no vivas de la esperanza
si no luchas por la espiga.


Si ves a un niño implorar,
no le des tu gota de agua:
dale completo tu mar.



Campana, campana: nunca
dejes tu bronce dormido.
Que poeta que se calla
pierde parte de su libro.


Poeta: renueva siempre
el agua de tu cantar;
que el agua que no se mueve
nunca alcanzará su mar.


Atiende primero al mundo
donde se aprende a vivir,
y después habla del tuyo.


No hables tanto de tus penas:
muchos hombres las tuvieron
antes de que tú nacieras.


Trabaja bien tus poemas
con voces hechas de días,
de trabajos y herramientas.


Tal vez el premio mejor
del hombre sea el camino
abierto con su sudor.



¿Elegirías de nuevo
como vivir tu vivir,
como amigos tus amigos,
tus versos para escribir?


Elige bien tus amigos:
un cuchillo en mal estado
puede hacerse tu enemigo.


El alma anhela sus sueños,
pero vives en la tierra
y es pobre barro tu cuerpo.







Amigo: no dejes nunca
de andar siempre hacia delante;
piensa que es largo el camino
y el premio, si hay, llega tarde.


Deja a un lado los aplausos
con que los necios te halagan;
muchas veces son los palos
que tus ruedas atenazan.


Poeta, sigue cantando
aunque te apunten los versos
de otros poetas frustados.



Las monedas de los versos
tienen que ser verdaderas;
el metal es lo de menos
si de boca en boca suenan.


Cuando cantes al amor,
no pongas oro en tus labios:
pon la luz del corazón.


Que en tus palabras, poeta,
no resuene la metáfora:
que lata la vida plena.


Cuando escribas un poema,
no busques temas exóticos:
habla del hombre que vive,
que sueña y lucha y sueen tu entorno.


Dale la mano al que sufre,
al que naufraga a tu lado,
y después ponte a escribir:
sólo así sabrás contarlo.



Hay gente que aspira al cielo
atropellando a los otros;
las torres que así subieron
acabaron en escombros.


Las palabras del poema
serán como el sol que brilla:
cálidas y luminosas,
engendradoras de vida.


Caminante que caminas
los caminos de la tierra:
dime qué ruta es más apta
para labrar la existencia.



Amapolas de dolor:
llevan la sangre en la ropa
y el luto en el corazón.


¿Que la vida es otro mar?
No. La vida es una gota
que crece buscando el mar.


No te importe que el amor
te cause graves heridas:
que, en vez de morir, te harán
querer aún más a la vida.



Cuando quieras hacer bien,
hazlo sin más; que los otros
harán bondades también.


Amigo, no tengas miedo
pensando que has de morir.
Ten miedo sólo si olvidas
que sin miedo no hay vivir.


Escribe claro y sencillo
del tiempo que va pasando:
nadie podrá reprocharte
que soñaste demasiado.


Trabaja bien tu presente
sin olvidar tu pasado;
y el mañana como un fruto
caerá maduro en tus manos.


Sólo hay dos fuentes, amigo,
que debes utilizar:
la fuente que tu sed calma
y la que da la verdad.


Guarda en el alma la esencia
de tu primera ciudad,
y como el vino en la cuba
licor de vida se hará.



¿Qué legarás a tus hijos
como herencia? ¿Sencillez?
De acuerdo, pero ayudada
de la luz de la honradez.


Si el recuerdo de tus padres
llama a tu puerta mañana,
no lo dejes en la calle.
Viene a animar a tu alma.


Conserva el amor de ayer,
porque cuando estés más solo
vendrá a mejorar tu ser.


No busques luces extrañas
para alumbrar tu camino:
te servirán las de casa.


Hay verbos que dan la vida:
soñar, querer o sufrir;
olvidarlos, te la quitan.


Dicen que sólo un soneto
puede probar a un poeta;
escribe emoción en verso:
después surgirá el poema.



Tres cruces te oculta el verso:
el ritmo terco, la rima
y los adjetivos huecos.


No nos mandes tantas manos,
que no sabemos, Señor,
si vienen para ayudarnos
o para atarnos las dos.


Quiera Dios que tu mujer,
amén de haberte querido,
te haya enseñado a querer.


Vigila tus ilusiones
como si fueras tú mismo:
un paso dado al azar
es salirse del camino.


Si has de mentir algún día,
hazlo sólo si es un fin
bendito el que tú persigas.


Las mujeres son oasis
que Dios pone en nuestra vida;
si has de beber de su agua,
cumple bien tu romería.



Es fácil vivir la vida
si no se piensa en la muerte
sino en la mesa servida.


¡Ay de aquel que sólo cuida
de vivir de sus monedas!
¡Ni Caronte encontrará
su óbolo cuando muera!



Marinero, mira el mar,
no como acopio de peces,
sino espejo de tu edad.


Poeta, busca la paz,
y una vez que sea tuya,
sírvesela a los demás.


Sobre todo lo nacido
evita el odio rastrero;
pues, como fruto podrido,
es un veneno escondido
en el prístino venero.

jueves, 6 de marzo de 2014

A BUEN ENTENDEDOR





I.

Viejos y recordados conocidos,
absolutos e ignorados desconocidos,
amigos y enemigos,

antes de que muera el año viejo
y haya nacido el año nuevo,
olvidad los recuerdos

y empezad a ilusionaros como niños:
así creceréis como niños
y tendréis sueños de niños.

Tendréis caminos nuevos,
nuevas palabras y nuevos silencios,
nuevos proyectos.

Opinión sin prejuicios,
memoria sin olvido,
amistad sin bolsillo.

Otro Año Nuevo,
otro sendero,
otro espíritu viajero.

Libertad sin resquicios,
honradez sin timos,
tregua sin tiros.

Y trabajo abierto,
abrazos sinceros,
amistad sin ceros.

Camino limpio,
sin zancadillas, camino,
sólo camino.

Y el horizonte lejos,
pero seguro, como un puerto
que premia vuestro esfuerzo.

Viejos y recordados conocidos,
absolutos e ignorados desconocidos,
amigos y enemigos:

Así debe ser el Año Nuevo:
un mar lleno de sueños
y un puerto seguro como premio.



II.

Chupatintas, leguleyos,
petimetres de asambleas,
lameculos de mil pleitos,
correveidiles de pega:

aprovechad que es Año Nuevo
para cambiar vuestras jetas
y esos ridículos gestos
que os traicionan en las fiestas.

Ya es hora de que seáis buenos,
de mudar en vuestras letras
el saludo traicionero
por palabras verdaderas.

De que os gastéis el dinero
que envejece en las libretas
en coronar con obsequios
a vuestras bellas colegas.

Salid de vuestros agujeros
de amistades carroñeras
y frecuentad algún huerto
de fruta madura y fresca.

Dad algún premio al cuerpo,
alguna caricia tierna;
que si no vuestro guerrero
se morirá sin dar guerra.

Y encerrad en cofre negro
tanta pancarta secreta,
legajos y documentos
de otras vidas y otras épocas.

Salid a la calle nuevos,
olvidad las asambleas
y  con nuevos compañeros
bebed vino en las tabernas,

chupatintas, leguleyos,
petimetres de asamblea,
que ha llegado el Año Nuevo
y os está poniendo a prueba.

Por una vez sed sinceros
y vivid la vida buena
que duerme empolvada dentro
entre tanta cifra muerta.



III.

Ancianos y jubilados,
querida gente provecta
en general,

ahora que empieza otro año,
apartaos las muletas
de la edad,

y, sin mirar al pasado
ni a sus telarañas huecas,
caminad

siempre adelante mirando,
aprendiendo nuevas sendas
de verdad.

Probad el vino sagrado
que otorga siempre la buena
amistad,

algún viaje anhelado,
alguna buena novela
y a soñar.

Siempre viviendo y soñando
con el río que nos lleva
sin parar.

Abrid a todo los brazos,
miradlo todo sin pena
y a volar

por el espacio diario
como una libre cometa
sin sedal.

Que jubilado o anciano
no significa condena
ni pesar.

Sino el tiempo y el espacio
que la rápida existencia
aún os da.

Y sacad de ellos el cálido
sabor de las cosas buenas
y la sal

de seguir en el andamio
que nos da cada mañana
al despertar.

Sed abuelos sin reparos
y disfrutad de la fiesta
que es jugar

con los nietos, un regalo
que nos da la providencia
sin cobrar.

Así que este nuevo año,
querida gente provecta:
disfrutad.



IV

Amigos de sotana y de capilla,
de sermón y campanilla:
dejad a un lado oraciones
y en algunas ocasiones
sed gente libre y sencilla.

Y cambiad tanto rosario,
tanto cilicio y novena
por una copiosa cena
y una rolliza Rosario
que os libre de alguna pena.

El cerrado y sacristía
nunca fueron compañía
para personas bien sanas.
Así que abrid las ventanas
para saludar al día.

Airead vuestra existencia,
desterrad el pensamiento
de la eterna penitencia.
Que vivir la vida es ciencia
que alimenta el sentimiento.

Amigos de la carcoma
que murmura en los altares,
del incensario que aroma
la tiniebla que se asoma
en la hiel de los vasares.

Dice vuestro corazón
chisporroteos de vela
y rasguños de copón,
mientras el alma se os vuela
con alas de moscardón.

Cambiad por la luz del día
la opaca jaculatoria
y el tufo ambiguo de gloria;
sólo así se abre la vía
del comienzo de otra historia.

Otra historia, otro camino,
algún beso de mujer
y una jarra de buen vino.
Año Nuevo: Nuevo tino
para empezarse a mover.



V.

Poetas del tres al cuarto,
paridores de poemas
que tratan de amores castos
sin haber sufrido apenas.

Versificadores falsos
que habláis de batallas cruentas
sin saber qué es un venablo
ni qué es una herida abierta.

Zurcidores de cien cantos,
fingidores de tristezas,
inventores de colapsos,
descriptores de tormentas,

frecuentad más a los clásicos
y aprended que el gran problema
no es escribir sobre el llanto
sino haber llorado penas,

ni clamar por los escándalos
cuando ocultáis las ofensas:
eso es llenar los espacios
con palabrería hueca.

No busquéis verbos sagrados
ni metáforas excelsas
ni adjetivos adornados
ni imágenes que sorprendan.

Que basta el verbo diario
para hacer el gran poema,
el tono medio templado
y la palabra sincera.

Si no aprendéis, poetastros,
tañedores de arpas ciegas,
imitadores de bardos
que ahogaron en su botella

lo que escribir desearon
sin  escribir una letra,

si no aprendéis el decálogo
de quienes fueron poetas,
perded el tiempo en compraros
una guitarra campera

y recorred los mercados
cantando hazañas de meigas
o crímenes que llenaron
de sangre las sementeras,

sed voceros de mil casos
que tanto la tele airea
de modelos y casados
y actores de media suela,

pero respetad el palio
del auténtico poeta:
si hay rima, que sea el canto
quien la exija sin violencia.

El tono ha de ser hermano
de la palabra y la idea,
y la música el andamio
que sostiene el buen poema.

Los adjetivos extraños
sólo sirven de anestesia
para el lector no avisado,
mejor la palabra fresca,

y en cuanto al verbo, el más claro,
el que diga sin reservas
lo que en verdad ha pasado.
La mentira nunca es buena.

Evitar lo exagerado
en la dicha y la tristeza.
En luto, tono pausado
sin lacrimógenas muestras,

los adjetivos escasos
y las metáforas serias,
la serenidad buscando
y evitando la sentencia.

Y si es amor lo expresado,
que suene el idioma a fiesta,
que el ánimo enamorado
logrará encontrar la letra:

estela que sigue al barco
de buen casco y buenas velas
que en un mar esperanzado
al mejor puerto navega.

Caliente vocabulario
y metáforas abiertas
como un día de verano
vivido sobre la arena.

Imitad de Garcilaso
la melodía serena
de sus versos bien contados
y de sus prosopopeyas.

El amor siempre templado
hacia la naturaleza
y el saber bien arraigado
en la diaria existencia.

Y que el Año Nuevo os traiga
verdaderas intenciones;
sólo así vuestra palabra
será aroma de poema.

miércoles, 19 de febrero de 2014

TRÍPTICO DE UN TIEMPO DE JÚBILO






                                             A mi familia y en especial a Nato



 I.

Un árbol tiene hojas
y las pierde sin queja cada año;
lentamente el veneno del otoño
las va en silencio ajando.

Pero vuelve el milagro con el tiempo
a habitar de hojas nuevas sus ramajes,
y es, hermano, cuando pienso en nosotros,
en nuestro tronco común de limpia carne
que formaron un día allá en Castilla
con honrada madera nuestros padres.

Y veo en nuestras manos sus reliquias,
y en nuestras hojas su savia renovada,
su savia hecha de Duero y de Zamora,
de recuerdos que abonan nuestra marcha.

Y el árbol de corteza y cicatrices
un día morirá de puro viejo
o un hacha segará su verde vida
o un hogar con él hará su fuego.

Mas el árbol de carne que formamos
crecerá cada día sin otoños
porque el agua que riega sus raíces
brotando está de manantial sin fondo.
Y hoy, en tu vida un año más, contemplas
sus tramas disparadas sin reposo,
en paz y en libertad hacia el futuro
llevando nuestra casta como tronco.
                                                           1979





II.


La vida, hermano, siempre
nos pone cepos, trampas,
corteza de futuro,
de adultos y distancias;
nos hace recorrer
las sendas no buscadas,
y llegamos de pronto
junto a la blanca tapia
sin haber conseguido
palpar las esperanzas.

Pero siempre llevamos
en el fondo una casa,
una voz maternal,
una brisa de infancia.
Pero siempre llevamos,
cual columnas del alma,
en el fondo recuerdos
de la familia amada,
tal vez un río viejo,
tal vez una muralla,
tal vez un barrio eterno
que todavía nos llama.

Por eso aunque la vida
nos confunda la marcha,
junto a la línea triste
donde el silencio manda
y la luz de la vida
se disipa en la nada,
seguirán respirando
nuestros fieles fantasmas,
con la voz de la madre,
con el sol de la infancia,
en las salas vacías
de nuestra amada casa.
                                                1980




III.

De este tiempo de júbilo, de racimo hermanado,
escojamos la esencia del vino y los abrazos
para que, cuando un día por el camino largo
de nuestra vida estemos a punto de dejarlo
y los recuerdos bajen con tristeza a los labios,
podamos ver de nuevo palpitantes las manos
que en racimo querido levantan estos vasos,
podamos ver los rostros que felices mostramos.

La misma luz ardiente con que ahora brillamos
en el recuerdo entonces vendrá para alumbrarnos
y hacernos menos duros los tiempos de los llantos.

Cantemos el momento con nuestra copa en alto
y entremos en las lluvias, sin miedo, de los años.

Me veo en el futuro con arrugas las manos,
los cabellos con nieve y los pies fatigados.
Pero nada en mi pecho traicionará este canto,
ni deshará los nudos perennes de este lazo
que tejemos ahora con amor en los labios.
                                                                 1981