jueves, 6 de marzo de 2014

A BUEN ENTENDEDOR





I.

Viejos y recordados conocidos,
absolutos e ignorados desconocidos,
amigos y enemigos,

antes de que muera el año viejo
y haya nacido el año nuevo,
olvidad los recuerdos

y empezad a ilusionaros como niños:
así creceréis como niños
y tendréis sueños de niños.

Tendréis caminos nuevos,
nuevas palabras y nuevos silencios,
nuevos proyectos.

Opinión sin prejuicios,
memoria sin olvido,
amistad sin bolsillo.

Otro Año Nuevo,
otro sendero,
otro espíritu viajero.

Libertad sin resquicios,
honradez sin timos,
tregua sin tiros.

Y trabajo abierto,
abrazos sinceros,
amistad sin ceros.

Camino limpio,
sin zancadillas, camino,
sólo camino.

Y el horizonte lejos,
pero seguro, como un puerto
que premia vuestro esfuerzo.

Viejos y recordados conocidos,
absolutos e ignorados desconocidos,
amigos y enemigos:

Así debe ser el Año Nuevo:
un mar lleno de sueños
y un puerto seguro como premio.



II.

Chupatintas, leguleyos,
petimetres de asambleas,
lameculos de mil pleitos,
correveidiles de pega:

aprovechad que es Año Nuevo
para cambiar vuestras jetas
y esos ridículos gestos
que os traicionan en las fiestas.

Ya es hora de que seáis buenos,
de mudar en vuestras letras
el saludo traicionero
por palabras verdaderas.

De que os gastéis el dinero
que envejece en las libretas
en coronar con obsequios
a vuestras bellas colegas.

Salid de vuestros agujeros
de amistades carroñeras
y frecuentad algún huerto
de fruta madura y fresca.

Dad algún premio al cuerpo,
alguna caricia tierna;
que si no vuestro guerrero
se morirá sin dar guerra.

Y encerrad en cofre negro
tanta pancarta secreta,
legajos y documentos
de otras vidas y otras épocas.

Salid a la calle nuevos,
olvidad las asambleas
y  con nuevos compañeros
bebed vino en las tabernas,

chupatintas, leguleyos,
petimetres de asamblea,
que ha llegado el Año Nuevo
y os está poniendo a prueba.

Por una vez sed sinceros
y vivid la vida buena
que duerme empolvada dentro
entre tanta cifra muerta.



III.

Ancianos y jubilados,
querida gente provecta
en general,

ahora que empieza otro año,
apartaos las muletas
de la edad,

y, sin mirar al pasado
ni a sus telarañas huecas,
caminad

siempre adelante mirando,
aprendiendo nuevas sendas
de verdad.

Probad el vino sagrado
que otorga siempre la buena
amistad,

algún viaje anhelado,
alguna buena novela
y a soñar.

Siempre viviendo y soñando
con el río que nos lleva
sin parar.

Abrid a todo los brazos,
miradlo todo sin pena
y a volar

por el espacio diario
como una libre cometa
sin sedal.

Que jubilado o anciano
no significa condena
ni pesar.

Sino el tiempo y el espacio
que la rápida existencia
aún os da.

Y sacad de ellos el cálido
sabor de las cosas buenas
y la sal

de seguir en el andamio
que nos da cada mañana
al despertar.

Sed abuelos sin reparos
y disfrutad de la fiesta
que es jugar

con los nietos, un regalo
que nos da la providencia
sin cobrar.

Así que este nuevo año,
querida gente provecta:
disfrutad.



IV

Amigos de sotana y de capilla,
de sermón y campanilla:
dejad a un lado oraciones
y en algunas ocasiones
sed gente libre y sencilla.

Y cambiad tanto rosario,
tanto cilicio y novena
por una copiosa cena
y una rolliza Rosario
que os libre de alguna pena.

El cerrado y sacristía
nunca fueron compañía
para personas bien sanas.
Así que abrid las ventanas
para saludar al día.

Airead vuestra existencia,
desterrad el pensamiento
de la eterna penitencia.
Que vivir la vida es ciencia
que alimenta el sentimiento.

Amigos de la carcoma
que murmura en los altares,
del incensario que aroma
la tiniebla que se asoma
en la hiel de los vasares.

Dice vuestro corazón
chisporroteos de vela
y rasguños de copón,
mientras el alma se os vuela
con alas de moscardón.

Cambiad por la luz del día
la opaca jaculatoria
y el tufo ambiguo de gloria;
sólo así se abre la vía
del comienzo de otra historia.

Otra historia, otro camino,
algún beso de mujer
y una jarra de buen vino.
Año Nuevo: Nuevo tino
para empezarse a mover.



V.

Poetas del tres al cuarto,
paridores de poemas
que tratan de amores castos
sin haber sufrido apenas.

Versificadores falsos
que habláis de batallas cruentas
sin saber qué es un venablo
ni qué es una herida abierta.

Zurcidores de cien cantos,
fingidores de tristezas,
inventores de colapsos,
descriptores de tormentas,

frecuentad más a los clásicos
y aprended que el gran problema
no es escribir sobre el llanto
sino haber llorado penas,

ni clamar por los escándalos
cuando ocultáis las ofensas:
eso es llenar los espacios
con palabrería hueca.

No busquéis verbos sagrados
ni metáforas excelsas
ni adjetivos adornados
ni imágenes que sorprendan.

Que basta el verbo diario
para hacer el gran poema,
el tono medio templado
y la palabra sincera.

Si no aprendéis, poetastros,
tañedores de arpas ciegas,
imitadores de bardos
que ahogaron en su botella

lo que escribir desearon
sin  escribir una letra,

si no aprendéis el decálogo
de quienes fueron poetas,
perded el tiempo en compraros
una guitarra campera

y recorred los mercados
cantando hazañas de meigas
o crímenes que llenaron
de sangre las sementeras,

sed voceros de mil casos
que tanto la tele airea
de modelos y casados
y actores de media suela,

pero respetad el palio
del auténtico poeta:
si hay rima, que sea el canto
quien la exija sin violencia.

El tono ha de ser hermano
de la palabra y la idea,
y la música el andamio
que sostiene el buen poema.

Los adjetivos extraños
sólo sirven de anestesia
para el lector no avisado,
mejor la palabra fresca,

y en cuanto al verbo, el más claro,
el que diga sin reservas
lo que en verdad ha pasado.
La mentira nunca es buena.

Evitar lo exagerado
en la dicha y la tristeza.
En luto, tono pausado
sin lacrimógenas muestras,

los adjetivos escasos
y las metáforas serias,
la serenidad buscando
y evitando la sentencia.

Y si es amor lo expresado,
que suene el idioma a fiesta,
que el ánimo enamorado
logrará encontrar la letra:

estela que sigue al barco
de buen casco y buenas velas
que en un mar esperanzado
al mejor puerto navega.

Caliente vocabulario
y metáforas abiertas
como un día de verano
vivido sobre la arena.

Imitad de Garcilaso
la melodía serena
de sus versos bien contados
y de sus prosopopeyas.

El amor siempre templado
hacia la naturaleza
y el saber bien arraigado
en la diaria existencia.

Y que el Año Nuevo os traiga
verdaderas intenciones;
sólo así vuestra palabra
será aroma de poema.

miércoles, 19 de febrero de 2014

TRÍPTICO DE UN TIEMPO DE JÚBILO






                                             A mi familia y en especial a Nato



 I.

Un árbol tiene hojas
y las pierde sin queja cada año;
lentamente el veneno del otoño
las va en silencio ajando.

Pero vuelve el milagro con el tiempo
a habitar de hojas nuevas sus ramajes,
y es, hermano, cuando pienso en nosotros,
en nuestro tronco común de limpia carne
que formaron un día allá en Castilla
con honrada madera nuestros padres.

Y veo en nuestras manos sus reliquias,
y en nuestras hojas su savia renovada,
su savia hecha de Duero y de Zamora,
de recuerdos que abonan nuestra marcha.

Y el árbol de corteza y cicatrices
un día morirá de puro viejo
o un hacha segará su verde vida
o un hogar con él hará su fuego.

Mas el árbol de carne que formamos
crecerá cada día sin otoños
porque el agua que riega sus raíces
brotando está de manantial sin fondo.
Y hoy, en tu vida un año más, contemplas
sus tramas disparadas sin reposo,
en paz y en libertad hacia el futuro
llevando nuestra casta como tronco.
                                                           1979





II.


La vida, hermano, siempre
nos pone cepos, trampas,
corteza de futuro,
de adultos y distancias;
nos hace recorrer
las sendas no buscadas,
y llegamos de pronto
junto a la blanca tapia
sin haber conseguido
palpar las esperanzas.

Pero siempre llevamos
en el fondo una casa,
una voz maternal,
una brisa de infancia.
Pero siempre llevamos,
cual columnas del alma,
en el fondo recuerdos
de la familia amada,
tal vez un río viejo,
tal vez una muralla,
tal vez un barrio eterno
que todavía nos llama.

Por eso aunque la vida
nos confunda la marcha,
junto a la línea triste
donde el silencio manda
y la luz de la vida
se disipa en la nada,
seguirán respirando
nuestros fieles fantasmas,
con la voz de la madre,
con el sol de la infancia,
en las salas vacías
de nuestra amada casa.
                                                1980




III.

De este tiempo de júbilo, de racimo hermanado,
escojamos la esencia del vino y los abrazos
para que, cuando un día por el camino largo
de nuestra vida estemos a punto de dejarlo
y los recuerdos bajen con tristeza a los labios,
podamos ver de nuevo palpitantes las manos
que en racimo querido levantan estos vasos,
podamos ver los rostros que felices mostramos.

La misma luz ardiente con que ahora brillamos
en el recuerdo entonces vendrá para alumbrarnos
y hacernos menos duros los tiempos de los llantos.

Cantemos el momento con nuestra copa en alto
y entremos en las lluvias, sin miedo, de los años.

Me veo en el futuro con arrugas las manos,
los cabellos con nieve y los pies fatigados.
Pero nada en mi pecho traicionará este canto,
ni deshará los nudos perennes de este lazo
que tejemos ahora con amor en los labios.
                                                                 1981

domingo, 9 de febrero de 2014

BARCA VARADA






                                             (Una noche de radio e insomnio)



Estás durmiendo al raso
en una barca
varada de una playa
cuyo nombre no quieres pronunciar
ahora en antena.
Una barca varada, Job nocturno,
como tu propia vida alimentada
de caricias anónimas.

 Vives, mueres a solas en la arena
sin quejas, sin pancartas,
 como gaviota
que escribe su cuaderno de viajes
sin que nadie lo lea.

Y cuentas, Job,
tus cuentos a la chica de la radio.
Ella sabe escuchar
tu desahogo nocturno, y te regala
una palabra amable
para evitar que pienses en la inútil
renuncia a seguir vivo, en formar parte
de las tristes derrotas sin batallas.

Has elegido
el lugar adecuado para echar
tu mensaje esta noche en la botella
de la suerte desde tu playa anónima:
una barca varada y solitaria,
como tu vida frágil,
en medio de una nada sin espera.
Y cuentas los latidos luminosos
de la luna callada
que llora con su limón agrio tu vida.

Tu vida que empezó anodinamente
en un pueblo del sur que ya no nombras,
de surcos esquilmados, de familia
sin sueldo, de embarazos
no queridos, de partos dolorosos 
y de una hija que se ha ido alejando.

Se lo cuentas ahora en la alta noche,
nostálgico, a la chica de la radio.
Y lo estás contando a todos
con una voz helada
en medio de la noche de diciembre,
tan cerca Navidad que da canguelo
oírte, imaginarte
colgado de tu móvil en la barca.

Ya se ve que tu vida ha sido dura,
y te busca una hija que ni ves
porque la ley lo manda,
y tu voz se entrecorta…

Y enmudece la chica de la radio…
Y yo te escucho en medio del insomnio,
pero bien arropado aquí en mi cama,
con la mujer al lado y bien querido
por mis hijos y nietos,
y la vida resuelta,
y se me abren las carnes con la daga
de tu triste relato.


La chica de la radio te interrumpe,
te aconseja que busques un albergue
donde dormir sin padecer la helada
bajo un techo caliente y una sopa…

Y cuentas que están llenos los albergues,
cuando llegas con miedo hasta sus puertas
y te piden el nombre y otros datos,
y tu intimidad coartan con grilletes
de disfrazada humillación.
Y vuelves a la calle que no exige
religiones ni pruebas, al andamio
donde se hacen los hombres existiendo,
donde reina la libertad anónima.

Y la chica de la radio vuelve
a escucharte en silencio, interrumpido
con un doble “sí”, “sí”, de tarde en tarde
para hacerte sentirte acompañado
aunque se halle a mil años de distancia
porque no puede hacer sino escucharte
y darte algún consuelo con su voz
casi sagrada,
arcángel de la noche que dirige
por caminos de luz al descarriado,
al hijo de la noche y del olvido.

Por eso a ella te agarras con ternura
porque te atiende
y te habla y te acaricia con su voz
de seda, aunque lejana,
como un mago recuerdo de niñez
y te anima a seguirle confesando
el dolor que te hiela
para echarlo de ti, para olvidarlo,
y se interesa en cómo es para ti
un día de tu vida.

Y lo cuentas. Te subes
a un tren antes del alba cada día
con la certeza
de no tener un sitio adonde ir,
pero con libertad y sin traiciones.
El tren es el ombligo umbilical
que te pone en contacto con el mundo
del orden y las cosas aún legales.

Te aseas en el váter del vagón
y purificas
tu tristeza con agua matutina.
Por los cristales pasa la rosada
mientras sueñas en gestos generosos,
manos amigas, nuevas esperanzas.

Y desciendes del tren con la pregunta:
¿Hoy voy a desayunar? Y te conformas
con que te dé un mendrugo el panadero
y el frutero una fruta.
Luego buscas trabajo por las obras,
el que sea, peón, llevar cemento,
clavar los encofrados, arriar
andamios…
y en todas partes dicen:
“No hay huecos, es la crisis.”

Y recorres los bares,
en otro tiempo fuiste camarero,
y solicitas
un sitio en la cocina, servir mesas
o fregar platos.
La respuesta es la misma.
Lo cuentas a la chica de la radio
con voz cortada al borde de las lágrimas
desde la noche fría de la barca
varada en una playa que no nombras
para no dejar pistas de tus pasos.

Y lo cuentas sin elevar la voz,
sin quejarte de nadie, sin rencores,
como otro Job nocturno u otro Sísifo
dispuesto a alzar la piedra nuevamente
en la dudosa luz de otra mañana.

La chica de la radio debe dar
entrada a otro desahucio de la vida
y te desea suerte y que no pases
mucho frío en la barca donde intentas
dormir para olvidar lo que te aguarda
cuando amanezca mañana, compañero
de causas derrotadas,
hijo de la noche y del olvido,
¡oh, Job nocturno, Sísifo incansable!

(De Un camino de luz entre las manos, inédito)